Quisiera abrir la conversación sobre Votación Electrónica con la pregunta que siempre se realiza y que genera mayor polémica. Un pequeño aviso antes de empezar a responderla, es que estoy fuertemente sesgado por mi background computacional y científico (ciencias de la computación), que me promueve no cegarme a nada y explorar todas las posibles soluciones a un problema, promoviendo el uso de la tecnología (cuando ésta ayude a la ciudadanía a resolver problemas). Si mi especialización fuera mera de desarrollo de software mi respuesta sería distinta, de la misma manera que si viniera del área de las humanidades y ciencias sociales. Por ende el debate está abierto y no existe respuesta exacta a esta pregunta. Con esto en mente, empezaré a argumentar mi respuesta.

Mi respuesta es: depende, y los factores son diversos. La respuesta definitiva vendrá en cuanto peso específico le demos a estos factores, dependiendo de la elección a realizarse, y si finalmente las ventajas son mayores a las desventajas que presenta implementar un sistema de votación electrónica como reemplazo a un sistema clásico de votación con papel y lápiz. Los factores que repasaré aquí son los siguientes: seguridad computacional, contexto político, accesibilidad, usabilidad y experiencias internacionales. Empecemos revisando cada uno de ellos:

  1. Seguridad Computacional: vamos a partir de la premisa que “ningún sistema computacional es (o será) 100% seguro”, sin embargo esto no nos ha detenido a la hora de dejar en manos de computadores las tareas de manejar aviones, realizar cientos de miles de transacciones bancarias al día o incluso realizar operaciones médicas de altísima complejidad. De igual manera, pareciera ser que las suspicacias sobre la seguridad de un sistema de votación son mucho mayores que las que pueden producir las actividades nombradas anteriormente, principalmente por la consecuencia directa que es la de otorgar poder político a un grupo de gente, que lamentablemente, no existe mucha confianza depositada. Teniendo eso en cuenta, la criptografía y la seguridad computacional está en un punto de su desarrollo que permite poder montar un sistema de votación, que tal vez no sea infalible, en el sentido que su seguridad puede ser traspasada, pero si ello sucediera, el sistema mismo nos daría cuenta de la brecha de seguridad que ha sido violada. El problema principal es que la mayoría de los sistemas puestos en marcha en el mundo no sigue los estándares de seguridad necesarios y poseen errores lamentables, dados por la falta de rigurosidad a la hora de programar e implementar estos sistemas. Algo importante que nos brinda el sistema computacional y que no podemos asegurar en una votación clásica es integridad, es decir, que podemos estar seguros (matemáticamente seguros) que el resultado final que brinda el sistema de votación es acorde a la suma individual de los votos. Esto no sucede en un sistema clásico, donde depositamos la confianza en una persona que cuente los votos manualmente, y que la integridad se mantiene siempre y cuando hayan observadores externos resguardando el proceso. Con un sistema computacional, esta propiedad nos la puede brindar el sistema sin la necesidad de un observador externo, haciendo que matemáticamente sea imposible entregar un resultado erróneo.

  2. Contexto Político: un cambio en el sistema de votación, implica de una u otra manera un cambio en el ambiente político del país, ya sea por el hecho que nuevos votantes se suman a la toma de decisiones, o que puede resultar en nuevos personeros políticos sean electos. Es por ello que en países con un ambiente político turbio o que ha estado estancado bajo un mismo régimen por muchos años, el hecho de incluir votación electrónica podría producir un “remezón” político interesante y que podría beneficiar la democracia y una mayor estabilidad en el país. Obviamente esta implicancia no es directa, y existe un sinnúmero de factores (tal vez todos más importantes que la manera en que se desarrollan las elecciones) que impactan en como se desarrolla la política dentro de un país. Por otro lado, la decisión de incluir votación electrónica debe verse como una decisión crítica, que puede impactar negativamente en la confianza de la ciudadanía hacia el establishment político, pensando en una posible calamidad (fraude o ataque) producida en una cierta votación. Además que recuperar la confianza en un proceso de votación electrónica luego de haber sufrido ataques o inconsistencia en los resultados, pareciera ser algo imposible.

  3. Accesibilidad: una de las ventajas más mencionadas a la hora de defender la votación electrónica, es la capacidad de extender el derecho a voto a mayor número de personas que en un sistema clásico no pueden ejercer su voto. Un primer ejemplo son personas con alguna discapacidad física, que actualmente o bien necesitan la ayuda de un tercero (dejando de lado la privacidad de su voto) o derechamente no pueden votar. La tecnología ha dado pasos agigantados estos últimos años, incorporando dispositivos y técnicas que permiten a gente con distintas discapacidades (ciegas, sin brazos, entre otras) poder hacer uso de computadores sin un esfuerzo muy grande. Incorporando estas mismas técnicas o dispositivos, podemos brindar la posibilidad de que gente pueda ejercer su voto utilizando tecnología, a pesar de poseer una discapacidad física que en un sistema clásico de votación le sería imposible. Otro ejemplo son personas que se encuentran físicamente lejanas de su lugar de votación, o bien, tienen problemas de movilidad. Es aquí donde la idea de una votación por Internet que cobra mucha fuerza, permitiendo que personas sin moverse de su hogar puedan ejercer su voto. Sin embargo, como será varias veces repetido, la votación por Internet posee serios problemas, los cuáles hoy en día, no se pueden solucionar, y abren la posibilidad que prácticas como coerción o compra de votos surjan, sin la posibilidad de que el ente regulador pueda identificarlas y prevenirlas. Además que ataques posibles e intercepción de votos es un problema computacional aun sin solución si se dispone de una votación por Internet.

  4. Usabilidad: la usabilidad de los distintos sistemas de votación electrónicos son variados, desde sistemas muy simples (de solo apretar un botón) hasta más complejos (con papeletas impresas, revisión de la información digital, etc.) Por lo general, la usabilidad de un sistema es inversamente proporcional a las medidas de seguridad que éste posea, haciendo aun un desafío interesante lograr realizar un sistema de votación con variadas capas de seguridad y que al mismo tiempo sea fácil de usar para toda la ciudadanía.

  5. Experiencias Internacionales: desde el punto de vista de seguridad, a la gran mayoría de los sistemas de votación electrónica usados en el mundo (luego de exhaustivos análisis) se le han descubierto vulnerabilidades que pudieron haber sido traspasados en el transcurso de una elección real. Se han registrado distintos ataques posibles que pudieron haber sido realizados, aunque en ningún sistema se ha comprobado que fue atacado o haya sido víctima de fraude. Incluso existen ejemplos donde los cuestionamientos han sido tales, que han decidido dejar de lado los sistemas electrónicos y vuelto a votaciones clásicas de papel y lápiz (Alemania y Holanda como los casos más notorios).

Ahora bien, poniéndonos en el caso de Chile, creo que adoptar hoy por hoy un sistema de votación electrónica es una mala idea, principalmente por el hecho que no pareciera ser que el sistema actual presenta alguna falla considerable (aunque sí o sí es necesario un estudio serio sobre la condición del sistema actual, revisando sobre todo la seguridad de éste). Es por ello, que las ventajas que podría presentar un sistema electrónico no son considerables ni significativas, por lo que la mantención del sistema actual parece ser la decisión más razonable. No por ello, sí es necesario empezar a pensar y analizar las debilidades del sistema actual, y ver si es la tecnología la respuesta a dichas debilidades. En particular, un avance significativo sería poder tener el padrón electoral de manera digital, y así dejar de lado los libros enormes con la gente inscrita mesa a mesa. Con esto, podemos extender los lugares de votación, y ya no ser necesario que una persona esté obligada a votar en un recinto específico, y pueda optar entre varias alternativas (en elecciones municipales, cualquiera que esté en su comuna, para de diputados, cualquiera que esté en su distrito, y así respectivamente con cada elección). Es importante que nos demos cuenta que decisiones de este tipo no se deben tomar a la ligera, y que es necesario un análisis exhaustivos de los pros y contras, sobre todo teniendo en cuenta de manera clara cuáles son los objetivos que se quieren cumplir al cambiar el sistema de votación, y realizar los cambios con dicho objetivo en mente, y no hacer cosas “a tontas y a locas”.

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